La timidez

La exposición de la personalidad y el cuerpo suele generar vergüenza en algunas personas. Pero ocultarse o fingir no es la solución más conveniente.

La timidez es uno de los problemas más comunes, y sobre todo se experimenta durante la adolescencia, aunque es común en la edad adulta con personas que sufrieron a lo largo de su vida de muchas inhibiciones. Algunas son tímidas en situaciones determinadas, pero cuando esta se expresa exageradamente es síntoma de una inseguridad alta que lleva a una baja autoestima. Sobre todo, prima la sensación de falta de cariño y apoyo del entorno: creen que nunca serán elegidos ni deseados.

El negativismo es propio de este tipo de característica, y es bastante común en ellos fingir algo que no se es: muchos fabulan historias en las que han sido ganadores para conformar al resto. Esto resulta de la imagen que quieren “vender” a los demás, porque en el fuero íntimo saben que no han podido actuar como ellos cuentan.

Hay diversos lugares que brindan técnicas para ayudar a personas tímidas a expresarse. El trabajo empieza por cambios en el lenguaje corporal, que inmediatamente funcionan como estímulos para generar respuestas diferentes en los otros. Y estas respuestas ayudan a aumentar la autoestima cuando el sujeto en cuestión se siente aceptado.

La timidez se extiende también en el área sentimental. Las víctimas de la timidez se sienten descalificadas antes de iniciar un encuentro, se autoconvencen de que no van a dar una buena impresión y se paralizan frente a una situación nueva. Y las conductas de personas más extrovertidas le producen una sensación de mayor angustia.

Es común sentir que, frente a un complejo en una zona del cuerpo, el entorno solamente va a ver ese aspecto criticado por uno mismo. El problema es no poder fijar la atención en todo aquello que tenemos y que nos agrada. Ante esta situación uno queda disociado y olvida el todo. Nuestra imagen es producto de lo que nos devuelven los otros a modo de espejo, y la mayoría de estos conflictos se relacionan con la formación del yo y la fortaleza que hace al desarrollo de la autoestima.

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Causas de la ansiedad

Todas las personas tienen un sistema de vigilancia que cumple la función de prevenirnos ante diferentes peligros, la ansiedad cumple con ese papel en diferentes situaciones y es una emoción normal que puede convertirse en una patología sin que la persona pueda identificar que la padece. Se trata de un sistema de alertas que se denomina sistema dopaminérgico, que cuando la persona ve una amenaza, trasmite impulsos en el cerebro que regula ciertos tipos de comportamientos. Este sistema establece la producción de dopamina, una sustancia encargada de mantener los pensamientos y percepciones de acuerdo con la realidad del entorno. Cuando este sistema de alertas se altera advirtiendo situaciones peligrosas donde no existen, se crea un trastorno, que produce una ansiedad que deja de ser normal.

La ansiedad puede estar motivada por diversas causas, algunas muy específicas y reconocibles, y otras permanecer ocultas en algún rincón de la mente del afectado. Entre las reconocibles están las rupturas sentimentales, la pérdida de algún ser querido o la pérdida del trabajo. También puede estar ocasionada por ciertos estimulantes como las anfetaminas, el alcohol, la cocaína, la marihuana, la cafeína, las pastillas para adelgazar, la nicotina y otros.

Otros factores desencadenantes de la ansiedad corresponden con circunstancias más difusas y que no están en el nivel consciente de quien las padece. Los orígenes suelen estar enterrados en el pasado, como es el caso de los malos tratos, el abandono, el abuso sexual o diversas carencias emocionales imputables a los padres o a otras circunstancias difíciles en la vida del afectado.

La soledad: No tengo amigos

Estudios demuestran que las personas hemos disminuido nuestro círculo social lo que ha provocado que no teniendo a nadie de confianza a quien contar nuestros problemas hayamos aumentado nuestra ansiedad.

La evidencia demuestra que la gente tiene muy pocos confidentes y que los más allegados suelen formar parte del vínculo familiar. Este cambio indica algo que no es bueno para la sociedad. Los lazos afectivos que unen a las personas contribuyen a crear una red segura y también compromisos cívicos y acciones políticas. ¡Y es que una de cada cuatro personas afirman no tener a nadie en quien poder confiar!

Así pues, datos en manos, estos nos muestran que las amistades fuera de la familia están decreciendo, aumentando las que se encuentran en el seno familiar, formando como una red homogénea, densamente conectada y cerrada, empequeñeciéndose y haciéndose más fuertemente interconectada y dirigida hacia los límites del núcleo familiar.

Haz amigos, es bueno.

La alimentación y el riesgo de padecer depresión

Los consumidores de comida rápida y bollería industrial tienen el doble de riesgo de padecer depresión. En concreto, las posibilidades aumentan un 51 por ciento si se ingieren este tipo de alimentos según investigaciones médicas. Existe una relación directa en cuanto a dosis de alimento y grado de depresión.

Las personas que más alimentos grasos consumen son también más propensos a estar solteros, ser menos activos y tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva. Pero este grupo de personas también realiza otros hábitos poco saludables, como son fumar y trabajar más de 45 horas semanales.

Debería controlarse el consumo de este tipo de alimentos debido a su implicación en la salud física y mental. La obesidad o las enfermedades cardiovasculares pueden ser otras de las patologías asociadas.