Así se manifiesta nuestra personalidad

Nuestra personalidad se compone de tres estados básicos:

-PADRE
-ADULTO
-y NIÑO.

Cada uno de estos tres estados es una diferente manifestación del Yo. Según sea el momento en el que nos encontremos, actuaremos de una determinada manera o de otra.

Saber cómo son y actúan (no siempre lo hacen al unísono) estas tres partes de nuestra personalidad nos ayudará a conseguir el equilibrio necesario.

Estos tres estados, salvo el de niño, se van enriqueciendo a lo largo de nuestra existencia.

El estado padre contiene valores aprendidos en la infancia.

El estado adulto razona y saca conclusiones como si fuera una computadora.

En el estado niño se concentra la capacidad de gozar y disfrutar.

Lo ideal es que los tres convivan en armonía si no queremos arruinarnos la vida, sin que ninguno destaque por encima de los otros dos o nos abandone, lo que nos ayudará a crecer internamente.

Para saber más:
Por qué somos como somos

Terapia por teléfono contra la depresión

Frente a un problema como la depresión el aliento humano, el contacto físico y visual, pueden resultar fundamentales. Sin embargo, en la distancia se puede hacer también mucho para ayudar a una persona a combatir su depresión. Es el poder de la palabra de un buen especialista.

Según un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, la terapia telefónica puede ser tan buena como la terapia en persona para tratar los síntomas de depresión a corto plazo.

La investigación de David Mohr, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Feinberg, se llevó a cabo con 325 pacientes con depresión. Todos recibieron dieciocho sesiones semanales de terapia cognitivo-conductual, una forma de psicoterapia utilizada comúnmente para tratar la depresión, ya sea en persona o por teléfono.

Dado que muchos pacientes se mostraron partidarios de seguir con sesiones telefónicas, una parte del grupo realizó esa terapia y la otra parte exclusivamente sesiones en persona.

El resultado fue que ambas formas de tratar al paciente lograron reducir significativamente los síntomas de la depresión después de las dieciocho sesiones.

Cómo prevenir la ansiedad

Lo fundamental es comenzar a moverse poniendo en práctica las siguientes recomendaciones. Si lo haces, te darás cuenta que te ayudaron a ganar en la sensación de control, te sentirás mejor de forma general y podrás alejar la ansiedad y la angustia de tu vida cotidiana. Así:

-Realiza ejercicios aeróbicos como correr, ciclismo o natación que ayudan a que el organismo se relaje y se olviden las preocupaciones.

-Evita el consumo de alcohol y tabaco, elementos que alteran el funcionamiento normal del cuerpo.

Duerme lo suficiente y come alimentos nutritivos.

-Comparte tus problemas con familiares o amigos.

-Evita situaciones estresantes y enfréntate a los problemas con tranquilidad, en la medida que sea posible.

-No te preocupes de más, ni pienses que los acontecimientos futuros serán desfavorables.

-Es conveniente que dediques parte de tu tiempo libre a realizar alguna actividad que te resulte agradable, gratificante y satisfactoria.

-Cuando las mujeres llegan a la menopausia (fecha de la última menstruación) ocurren cambios físicos y mentales en su organismo provocados por la disminución de estrógenos (hormona femenina). Es común que en este periodo haya tensión nerviosa, depresión y tristeza, entre otros síntomas. Aquellas afectadas deberían informarse en profundidad sobre las características molestias de esta etapa.

Es muy importante aprender a cambiar la actitud ante la vida y desarrollarnos plenamente como personas independientes; he aquí algunos ejemplos:

-Confía en tus propias capacidades, en forma positiva y realista, sin creerte el número uno, pero aspirando a serlo.

-No necesitas la aprobación constante en los demás; sé consciente de que no puedes gustar a todos.

-Ten valor para mostrar tus sentimientos y creencias, porque forman parte de ti y de tu personalidad. Sé valiente para llevar a cabo tus propias ideas y proyectos, y defiende tus principios siendo consecuente con ellos.

-Cualquiera tiene derecho a equivocarse y fracasar, y no por ello el valor como persona es menor; no te evalúes por una actuación, y vuelve a intentarlo; además, considera que el éxito o el fracaso no siempre dependen de uno mismo.

-No te valores por los resultados de tus acciones, conviene evaluar las cosas por lo que hemos hecho, por nuestro esfuerzo. Muchas personas no fueron valoradas en su tiempo, y no por ello dejaron de creer en si mismas.

-Realiza cosas que te diviertan, siempre y cuando no importe el resultado; cantar o dibujar en una situación difícil son ejemplos de ello, ya que pueden ayudarte a acabar con la ansiedad.

-Evalúa y valora dejando a un lado tus sentimientos. Ante un momento complicado, pregúntate qué le dirías a tu mejor amigo o amiga, lo cual ayuda a ver las cosas desde un punto alejado, y así evitarás obtener conclusiones poco realistas.

-Evita las profecías, o sea, no te anticipes a lo que va a suceder con algo que hayas realizado, pues este tipo de juicios por lo general acaban siendo erróneos por no contar con todos los elementos para la evaluación.

-El miedo es mal compañero, porque nos lleva precisamente a las cosas que debemos evitar. Por ejemplo, algunas personas temen tanto perder a su pareja que lo consiguen al abrumarla demasiado.

-Desarrolla tu sentido del humor y no le des importancia a cosas que no la tienen. No todo el mundo está pendiente de nosotros y, la mayoría de las veces, aquello que nos parece importante no lo es en absoluto para los demás.

-No huyas de las responsabilidades y acéptalas como un reto. Nadie está libre de equivocarse, y piensa en que si se cierra una puerta, otra se abrirá.

-Premia tus logros. Planifica pequeños objetivos y hazte un regalo por haberlos conseguido, lo cual te enseñará a valorar tus triunfos y a alégrate de ellos.

-Ser nuestros peores jueces no es beneficioso, pues genera permanente insatisfacción; en lugar de ello, procura ser objetivo al emitir opiniones sobre ti mismo.

La timidez

La exposición de la personalidad y el cuerpo suele generar vergüenza en algunas personas. Pero ocultarse o fingir no es la solución más conveniente.

La timidez es uno de los problemas más comunes, y sobre todo se experimenta durante la adolescencia, aunque es común en la edad adulta con personas que sufrieron a lo largo de su vida de muchas inhibiciones. Algunas son tímidas en situaciones determinadas, pero cuando esta se expresa exageradamente es síntoma de una inseguridad alta que lleva a una baja autoestima. Sobre todo, prima la sensación de falta de cariño y apoyo del entorno: creen que nunca serán elegidos ni deseados.

El negativismo es propio de este tipo de característica, y es bastante común en ellos fingir algo que no se es: muchos fabulan historias en las que han sido ganadores para conformar al resto. Esto resulta de la imagen que quieren “vender” a los demás, porque en el fuero íntimo saben que no han podido actuar como ellos cuentan.

Hay diversos lugares que brindan técnicas para ayudar a personas tímidas a expresarse. El trabajo empieza por cambios en el lenguaje corporal, que inmediatamente funcionan como estímulos para generar respuestas diferentes en los otros. Y estas respuestas ayudan a aumentar la autoestima cuando el sujeto en cuestión se siente aceptado.

La timidez se extiende también en el área sentimental. Las víctimas de la timidez se sienten descalificadas antes de iniciar un encuentro, se autoconvencen de que no van a dar una buena impresión y se paralizan frente a una situación nueva. Y las conductas de personas más extrovertidas le producen una sensación de mayor angustia.

Es común sentir que, frente a un complejo en una zona del cuerpo, el entorno solamente va a ver ese aspecto criticado por uno mismo. El problema es no poder fijar la atención en todo aquello que tenemos y que nos agrada. Ante esta situación uno queda disociado y olvida el todo. Nuestra imagen es producto de lo que nos devuelven los otros a modo de espejo, y la mayoría de estos conflictos se relacionan con la formación del yo y la fortaleza que hace al desarrollo de la autoestima.